Quito, Viernes 15 noviembre 2013
Publicado por yachachik @ 7:47
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Textos del cuervo - Marcos Taracido

Formación del profesorado

Textos del cuervoSoy profesor de lengua y literatura castellana en un instituto, en el que tengo plaza ganada por oposición en el año 2006. En ese proceso de selección no demostré saber dar una clase o gestionar un aula, y ni antes ni después hubo alguien que me enseñara a hacerlo, dejando a un lado el aprendizaje que te da la propia experiencia diaria, la observación y el diálogo con colegas y alumnos.

El título universitario que me permitió opositar fue el de licenciado en Filología Hispana. Cinco años de estudios en los que ni una sola asignatura tenía que ver o hacía referencia a la enseñanza, lo que quince años después sigue igual. Aprendí muchas cosas, claro, y adquirí conocimientos que indirectamente me sirven para ejercer la docencia, pero ninguna indicación, técnica, método para aplicar esos conocimientos en un aula.

Tras obtener el título, requisito indispensable para poder matricularse en las oposiciones de la Enseñanza es realizar el CAP), Certificado de Aptitud Pedagógica. Por entonces, y creo que no ha cambiado demasiado, consistía en un cursillo de unas cuantas horas del que no recuerdo absolutamente nada; al terminarlo te asignaban un instituo de Secundaria en el que tenías que hacer las prácticas, teóricamente consistentes en que un tutor, profesor de ese instituto, se encargaba de introducirte en el mundo de la enseñanza práctica, guiándote, introduciéndote en el aula y, finalmente, encargándote la impartición de alguna clase. Bien hecho es mejor que nada. Insisto: mejor que nada. Pero les cuento mi caso y el de, por lo que yo sé, la mayoría: llegué al instituto, me presenté a mi tutor y este, sumamente amable, me enseñó las instalaciones del centro, me metió en un aula en la que se estaba impartiendo clase, me presentó, para mi sonrojo, a los alumnos, y me llevó a su despacho, lugar en el que me aconsejó leer a Vygotski y me dijo, con una gran sonrisa, que no hacía falta que volviese por allí, y no me pareció mal.

Entonces me puse a preparar oposiciones; el proceso consistía en estudiar, creo recordar setenta y tantos temas divididos en las historia de la literatura por un lado y la lingüística y pragmática por otro. Y sí, había un tema, uno, titulado Didáctica de la literatura. Paralelamente, acudí durante una temporada a clases prácticas en las que un estupendo profesor, que fue con el que más aprendí en toda mi vida estudiantil, nos ayudaba a preparar la parte práctica, comentario de textos literarios, lingüísticos y filológicos. Aprobé al cuarto intento. Tuve mucha suerte, es imprescindible tenerla; estudié mucho, pero tuve mucha suerte: en el primer examen, eliminatorio, tocó el tema del Ensayo; lo dominaba bastante bien, pero jugué también con otro parámetro: es uno de esos temas que casi nadie domina, incluido el jurado; y yo tengo mucha imaginación. Aprobé. Segunda y definitiva prueba, la encerrona: presentas una programación didáctica y el Tibunal te da a escoger entre dos temas para que expliques cómo los enseñarías en un aula. Me tocó el que mejor dominaba y del que más material didáctico tenía: el Teatro del Siglo de Oro. Y aprobé. La prueba consistía en decir cómo enseñarías tu ese tema, no en dar una clase práctica. En cualquier caso, el Tribunal está compuesto por profesores que recibieron la misma enseñanza que recibiste tú.

Y entonces empiezas a dar clases. El primer año estás a prueba. Es una manera de decirlo, no conozco a nadie que no la haya superado: te asignan un tutor en el instituto al que te destinan, tutor que invariablemente se limita (yo he sido tutor posteriormente, qué vas a hacer si no) a firmar el apto al finalizar el curso.

Ah, y falta lo mejor: los cursos de formación, la conocida como formación permanente, un chiste inservible que se utiliza casi con exclusividad para ganar puntos o acceder a los sexenios. Vale infinitamente como mérito para cualquier cosa relacionada con la docencia que yo, profesor de lengua y literatura, haga un curso online de Excel que publique una novela juvenil o una antología de poemas del Renacimiento.

Así que cuando te plantas en un aula nada en tu formación te ha preparado para establecer una estrategia de enseñanza de los muchos conocimientos que has adquirido (y digo conocimientos, porque no has adquirido ninguna otra cosa), nada sabes —más allá de lo que te haya enseñado Lev Vygotski— sobre los adolescentes, nada sobre resolución de conflictos, detección de problemas cognitivos, métodos de evaluación… y nada sobre otros muchos cargos o tareas que seguro te verás obligado a asumir antes o después, como el de bibliotecario, tutor, técnico en ordenadores, dinamizador de, gestor de personal, secretario, director de un centro o vigilante, entre otros muchos. Pero qué demonios, tenemos muchas vacaciones, y afortunadamente el estado tampoco nos indica cómo utilizar el tiempo libre.

Tomado de: http://librodenotas.com/textosdelcuervo/25095/formacion-del-profesorado 

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